Si alguna vez te miras frente al espejo, puedes verte esos grandes moretones; los restos de sangre sobre mi rostro, ese dolor que te consume por dentro, porque ahí, a veces entendemos que perdimos todo deseo a seguir. Si alguien te pregunta que se siente, o si, mis palabras no fueron más que mentiras; aunque… no serán dichas, así me sentí yo, que así, se siente vivir ese infierno… No importa cuánto luché, cuanto intenté soportar todos esos golpes, trate de detenerlo, soporté lo mas que pude, lo juro.
Pude sentir el ardor en mis lagrimas cada vez que sus manos sujetaban mi cuello con fuerza hasta que perdía el conocimiento, sus duros golpes, la forma tan cruel de arrastrarme por el piso mientras jalaba mi cabello con tanta fuerza, sus puñetazos sobre mi rostro y cuerpo, acompañados de sus interminables insultos. El dolor interminable durante los siguientes días, deseaba poder morir, si era lo que iba a terminar con eso… No hubo lágrima que que alcanzara para vaciar el dolor que se acumulaba cada vez más en mi. Tuve miedo de vivir, tuve miedo de salir al mundo, de enfrentarlo, escapar, estaba esclavizada a soportar ese infierno que el le llamo amor, a creer que eso merecía, llegue incluso a pensar que todo fue mi culpa, cada día que continuaba me dolió pensar, me dolió sentir y sobre todo me dolió respirar…
Me consume la agonía y la desesperanza, nadie lo sabe, nadie me nota, el miedo y este calvario me consumen.
Observe las paredes, me había vuelto totalmente sumisa a golpes.
las lágrimas brotaban de mi sin césar, no podía evitar mirarme en el espejo, sentir vergüenza y odio hacia mí misma, sentirme cobarde por no tener la valentía para escapar, porque no podía ser lo suficientemente fuerte como para volver a vivir… Para soltarme de ese agarre. No tenía respuestas, todo en lo que creía se estaba derrumbando, desvanece todo a mi alrededor y él no ve mi dolor. Cada vez fue peor, él se llevó el último gramo de esperanza que tuve, sus golpes habían marchitado mi vida. Creía que estaba destinada a vivir ese infierno, que tenía que resignarme a soportar sus golpes cada día, sus amenazas. El miedo de saber el daño que me provocaría irme, el conocía todas mis debilidades. Hasta que supe que mis fuerzas ya se habían agotado hace rato, y aun que dudara que, muy posiblemente, iba a morir, así de grande era mi miedo; pero, casi sin poder respirar mientras lloraba, pude escaparme, creo que nunca voy a poder olvidar el rayo de sol que daba sobre mi rostro, ese día, sabia que sobreviví, a lo que millones de otras no pudieron, y con todo el dolor también me hizo entender que somos millones las que hemos atravesado tal dolor. Que solo algunas pocas sobrevivimos, pero nadie nos cuenta y aunque nadie nos cuente, y parezca imposible se puede salir y sobre todo se puede sobrevivir. El miedo nos miente, si podemos y si valemos mas que nada.

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