
Y sigo a veces sin
poder encontrarme. No sé, ni siquiera, por dónde empezar, tengo un dolor fuerte
en el pecho, que en tantas ocasiones me quita hasta el aire de tanto aguantar.
Y entonces lloro, pensando, en que no sé cómo seguir sujetando mi corazón
hecho pedazos. Peleando entre las arenas movedizas que no me dejan escapar. Y
aún que esté en partes, nunca pierdo la fe, se supone que es lo último que
se pierde, pero unas tantas veces dudo de todo, y me siento en extremo perdida,
sin saber hacia qué dirección correr. Otras llorando a oscuras en mi
habitación, cuando nadie puede verme, porque se supone que en todo momento soy
fuerte, pero yo me siento débil y sin ganas, otras tantas veces, confío en mí,
en mi capacidad, en quien soy y en lo que me esfuerzo por ser; cada día, para
poder sentirme orgullosa de mí, pero a veces ni siquiera eso se lleva el dolor.
Observó el verde de la naturaleza y su magia, amo perderme indeterminado
tiempo, por una extraña razón, ahí, a veces, es mi calma. Me tocó durante
mucho tiempo verme al espejo y sí, yo sabía demasiado bien que no me
quería. La persona que se encontraba atrapada en ese cristal, estaba tan
herida, con tantas cicatrices, que a veces de tanta angustia. Tanto, que por poco
me olvide quien era yo. Le hubiera dado el gusto de seguir arrastrándome.
Entonces puedo llorar por sentirme tan miserablemente, escondida entre todos
esos tragos de whisky y cigarrillos. Sé que ahí están los retazos de mi corazón
roto e inseguridades ocultas. Pero uno de estos días, sé que voy a secar mis
lágrimas y rearmar mi tan desgastado y roto corazón, voy a decirme que ya
es hora de emprender un nuevo viaje. Donde quizá en el camino, iba a soltar un
poco más de lágrimas, pero iba a ser por mi bien, esta vez. De soltar todo lo
que en algún momento me hizo creer la mentira más grande, que yo no
bastaba, que no era suficiente, que no era ni esos abusos, ni esos
engaños, ni esos golpes, ni todas esas faltas personales que tenía, ni
siquiera una vida llena de injusticias, ni todas las veces que llorando rogué
para que me crean o vieran suficiente, ni siquiera era esa persona que jamás
había recibido un afectó sincero; lloré tantas veces frente al espejo, que
perdí la cuenta, ahí estaba mi real yo, frente mío, observándome con
los ojos irritados a causa de todas esas lágrimas que iban desnudando
todo lo que tanto miedo me da, lo que puedo fingir ante cualquiera, pero no
dentro de mí. Todo en mi empezó a llorar, después de haber dejado
tanto atrás, note que faltaba lo más importante, sí, me faltaba pedirle
perdón a la persona más importante. A esa persona que lastime más que
a nada y si, esa persona era yo. Hay muchas cosas que van a ser causa de
nuestros actos, o el tan famoso karma y otras que van a solo suceder, no
tenemos la culpa de todo y no podemos actuar sobre la vida de todos o mantener
el control. Perdonarnos es uno de los pasos para saber qué es lo que
merecemos para ser felices. A veces solo necesitamos cambiar la
perspectiva. Y convertir las desgracias en cosas buenas, porque no dejan
de ser experiencia, y al final de nuestras vidas, no somos más que un poco de
cada experiencia. Sonreite, sonreite mucho, pedite perdón, agradece al dolor,
que es nuestro mejor maestro y regálate la posibilidad de ser feliz, sin miedo,
sin prejuicios, siguiendo lo que te hace feliz. Porque a veces por tanta
niebla, no notamos hasta donde llegamos, todo lo que avanzamos a pesar de
tantas lágrimas y obstáculos. Es mentira que el tren pasa solo una vez, es
mentira que solo hay pocas oportunidades, el universo es magia, al igual, que
cada uno de nosotros. Y aún siquiera notamos que el tiempo no se detiene ni
siquiera por nosotros. Porque luego, a veces, quizás sea un poco tarde. No
nacimos de un modo, con personalidades implementadas, somos quien luchamos por
ser, somos el destino, el camino que construimos y lo que aprendemos de las
espinas que se atraviesan en él.
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