No sabía cómo sobrellevarlo. El viento de esta
mañana sopla con fuerza; si tuviera que hablar de todo lo que me apena en este
momento, muy posiblemente le daría paso a mis lágrimas con fuerzas. Todo en su mayoría
son cosas tan injustas, en tantas ocasiones, que rara vez encontramos los tan pedidos
¿Por qué? Al principio me costó aceptar con fuerzas, el saber que lo grande de
mis intenciones, nunca iban a ser suficientes para alguien que de antemano sabía que iba a clavarme un puñal por la espalda. Me llevo a cuestionarme si
realmente había algo malo en mí, sí quizá la culpable era yo; si acaso las
buenas intenciones se habían vuelto sobrevaloradas, o quizá invisibles. ¿Por
qué sin importar cuán buen corazón tuviera para con los demás, ya sea amistad,
amor, el final siempre era el mismo? No quería cuestionar mi moral, ni valores,
ni quería convertirme en alguien vacío, ni cubrirme de corazas, yo y mis
corazas fuimos amigas inseparables durante mucho tiempo solo para que no me lastimasen
mas de lo que en ocasiones sentía que ya era suficiente. Lo sentí injusto en
ese momento, muy injusto, me causo enojo, hasta para conmigo. Después de mucho
tiempo, en el camino de encontrarme, pude aprender algo muy grande y es que no
soy responsable de la forma, ni el accionar que tiene el resto para con
nosotros, si nuestro accionar para con ellos fue en base de bondad y amor. Sin importar
la respuesta de dichos, uno sabe lo que hace y uno sabe lo que da. Empecé a
cuestionar la frase “hay que dar, sin esperar nada a cambio” pero entendí que
dicha frase también tiene un límite donde comienza el dolor, donde
verdaderamente tiene que haber reciprocidad. Durante años di hasta lo que no tenía,
no me arrepiento en lo absoluto, aunque, en mis muchas catarsis, intenté convertirme
en alguien que no era, me di cuenta de algo que no había notado y sin egolatría,
sabia que tenia un muy noble corazón. Pero ahí estaba ese fantasma que se
encuentra en uno y muchas veces está escondido, hasta que no decidimos empezar
a cuestionarnos e indagarnos; si, el hermoso y tan doloroso proceso de
encontrarnos. Quería sanar el dolor de los demás, era más fuerte que yo, mi corazón
no toleraba saber que alguien más, sentía dolor, yo había estado ahí y quería sanarlo,
pero no contaba con varios puntos, 1 el dolor es nuestro mayor maestro. Sin importar
la situación que pasemos, está ahí para enseñarnos algo y hasta que no aprendamos
de dicha situación se vuelve cíclico, nadie está absuelto de nuestro mayor y
tan cuestionado maestro. 2 dar de más, como en mi particularidad, de dar hasta
lo que a veces no se tiene, tampoco es bueno. Comprendí que puedo ayudar en sus
procesos, pero no involucrarme en ellos, todos tenemos algo que aprender, porque,
además, jamás dejamos de aprender. En mi tiempo de bondad sin fin, me lleve mas
puñales y decepciones que me llevaron a cuestionarme todo a mi alrededor; mi
entorno, amistades, ¿con quién me relacionaba?, ¿qué aportaba esa persona en mi
vida? Y no desde un sentido materialista sino más bien a mi persona, creo que
en ese momento me lleve la peor decepción de mi vida, y no solo de los demás,
si no en parte también de mí. Deje que mi soledad, que mi dolor, que mi
necesidad de sentir afecto, que mis vacíos, actuarán en mi contra, dejando y rodeándome
de personas a las que verdaderamente no les importaba, personas que no traían más que cosas negativas a mi vida y con esto no digo que sea malo, todo tiene un
proceso y todo tiene un tiempo, y sobre todo, todo tiene un aprendizaje; si no
hubiese sido observadora, si no hubiese utilizado mi yo observador y perspicaz
no lo hubiese notado, ni mucho menos aprendido, que todo tiene un límite y que
muchas veces es nuestra culpa porque muchas veces aceptamos, perdonamos cosas
no son correspondientes y tampoco en ser observadora en cuanto a patrones de
comportamiento de quienes elegía rodearme, ni para con el resto y ni para conmigo,
no me tomaba el tiempo de conocer una persona y saber si realmente era lo
correcto aceptar que esa persona entre en mi vida, por lo tanto por no tomarme
dicho tiempo, el circulo de personas no sanas y decepciones no terminaba, y por
lo tanto el ciclo sigue hasta que no tomemos esto en cuenta. Que muchas veces el
no querer sentirnos solos hace que nos rodeemos y que permitamos cosas que eran
notorias ya de por sí, solo que nuestra observación no se centraba en eso, ya
que nuestro foco iba a no querer sentirnos solos. Permítanse aprender a estar
en calma con ustedes mismos, a conocerse y saber de qué clase de personas
quieren rodearse, y no ser permisivos con cosas que no quieren o negativos solo,
por un afán de no sentirse solos. Aprender
a llevarnos bien con nuestra soledad nos enseña cosas sobre nosotros mismos,
que no veíamos. Que nuestros, fracasos, desdichas, decepciones, etcétera; nos
enseñan constantemente sobre nosotros, pero hasta no darle foco a la enseñanza
de dichas situaciones, van a seguir ahí y que nuestra percepción las va a
seguir viendo como algo negativo y nos percibirnos siempre como las víctimas,
porque tampoco queremos hacernos cargo, de que, si nosotros no permitimos,
hasta dichos puntos no se llega. Vamos a seguir frecuentando relaciones poco
sanas, que ya sabemos el final, vamos a seguir frecuentando amistades que no aportan
nada positivo a nuestra vida. Comiencen el camino de conocerse, a vibrar como
siempre han querido sin miedo, y saber que son enteros, para aprender a decir
no, no, a cosas que no quiero por no quedarse solos, no, a vivir aceptando y
perdonando decepciones por lo mismo. A ser permisivos y vivir constantemente
dejando y perdonando cosas o abusos que no corresponden, tener un buen corazón es
un excelente regalo, pero tiene un límite permisivo. Y ese límite debe terminar
cuando aceptamos empezar a ser permisivos con personas que no aportan nada
bueno en nuestra vida. Pero no olvidemos, que todo eso pasa, si yo no digo
basta. Porque luego la culpa no la tiene el otro, sino más bien yo, porque
nadie llega en mi vida mas lejos de lo que yo le permito.
domingo, 22 de marzo de 2020
domingo, 8 de marzo de 2020
Mi carta hacia tus golpes.
Si alguna vez te miras frente al espejo, puedes verte esos grandes moretones; los restos de sangre sobre mi rostro, ese dolor que te consume por dentro, porque ahí, a veces entendemos que perdimos todo deseo a seguir. Si alguien te pregunta que se siente, o si, mis palabras no fueron más que mentiras; aunque… no serán dichas, así me sentí yo, que así, se siente vivir ese infierno… No importa cuánto luché, cuanto intenté soportar todos esos golpes, trate de detenerlo, soporté lo mas que pude, lo juro.
Pude sentir el ardor en mis lagrimas cada vez que sus manos sujetaban mi cuello con fuerza hasta que perdía el conocimiento, sus duros golpes, la forma tan cruel de arrastrarme por el piso mientras jalaba mi cabello con tanta fuerza, sus puñetazos sobre mi rostro y cuerpo, acompañados de sus interminables insultos. El dolor interminable durante los siguientes días, deseaba poder morir, si era lo que iba a terminar con eso… No hubo lágrima que que alcanzara para vaciar el dolor que se acumulaba cada vez más en mi. Tuve miedo de vivir, tuve miedo de salir al mundo, de enfrentarlo, escapar, estaba esclavizada a soportar ese infierno que el le llamo amor, a creer que eso merecía, llegue incluso a pensar que todo fue mi culpa, cada día que continuaba me dolió pensar, me dolió sentir y sobre todo me dolió respirar…
Me consume la agonía y la desesperanza, nadie lo sabe, nadie me nota, el miedo y este calvario me consumen.
Observe las paredes, me había vuelto totalmente sumisa a golpes.
las lágrimas brotaban de mi sin césar, no podía evitar mirarme en el espejo, sentir vergüenza y odio hacia mí misma, sentirme cobarde por no tener la valentía para escapar, porque no podía ser lo suficientemente fuerte como para volver a vivir… Para soltarme de ese agarre. No tenía respuestas, todo en lo que creía se estaba derrumbando, desvanece todo a mi alrededor y él no ve mi dolor. Cada vez fue peor, él se llevó el último gramo de esperanza que tuve, sus golpes habían marchitado mi vida. Creía que estaba destinada a vivir ese infierno, que tenía que resignarme a soportar sus golpes cada día, sus amenazas. El miedo de saber el daño que me provocaría irme, el conocía todas mis debilidades. Hasta que supe que mis fuerzas ya se habían agotado hace rato, y aun que dudara que, muy posiblemente, iba a morir, así de grande era mi miedo; pero, casi sin poder respirar mientras lloraba, pude escaparme, creo que nunca voy a poder olvidar el rayo de sol que daba sobre mi rostro, ese día, sabia que sobreviví, a lo que millones de otras no pudieron, y con todo el dolor también me hizo entender que somos millones las que hemos atravesado tal dolor. Que solo algunas pocas sobrevivimos, pero nadie nos cuenta y aunque nadie nos cuente, y parezca imposible se puede salir y sobre todo se puede sobrevivir. El miedo nos miente, si podemos y si valemos mas que nada.
Pude sentir el ardor en mis lagrimas cada vez que sus manos sujetaban mi cuello con fuerza hasta que perdía el conocimiento, sus duros golpes, la forma tan cruel de arrastrarme por el piso mientras jalaba mi cabello con tanta fuerza, sus puñetazos sobre mi rostro y cuerpo, acompañados de sus interminables insultos. El dolor interminable durante los siguientes días, deseaba poder morir, si era lo que iba a terminar con eso… No hubo lágrima que que alcanzara para vaciar el dolor que se acumulaba cada vez más en mi. Tuve miedo de vivir, tuve miedo de salir al mundo, de enfrentarlo, escapar, estaba esclavizada a soportar ese infierno que el le llamo amor, a creer que eso merecía, llegue incluso a pensar que todo fue mi culpa, cada día que continuaba me dolió pensar, me dolió sentir y sobre todo me dolió respirar…
Me consume la agonía y la desesperanza, nadie lo sabe, nadie me nota, el miedo y este calvario me consumen.
Observe las paredes, me había vuelto totalmente sumisa a golpes.
las lágrimas brotaban de mi sin césar, no podía evitar mirarme en el espejo, sentir vergüenza y odio hacia mí misma, sentirme cobarde por no tener la valentía para escapar, porque no podía ser lo suficientemente fuerte como para volver a vivir… Para soltarme de ese agarre. No tenía respuestas, todo en lo que creía se estaba derrumbando, desvanece todo a mi alrededor y él no ve mi dolor. Cada vez fue peor, él se llevó el último gramo de esperanza que tuve, sus golpes habían marchitado mi vida. Creía que estaba destinada a vivir ese infierno, que tenía que resignarme a soportar sus golpes cada día, sus amenazas. El miedo de saber el daño que me provocaría irme, el conocía todas mis debilidades. Hasta que supe que mis fuerzas ya se habían agotado hace rato, y aun que dudara que, muy posiblemente, iba a morir, así de grande era mi miedo; pero, casi sin poder respirar mientras lloraba, pude escaparme, creo que nunca voy a poder olvidar el rayo de sol que daba sobre mi rostro, ese día, sabia que sobreviví, a lo que millones de otras no pudieron, y con todo el dolor también me hizo entender que somos millones las que hemos atravesado tal dolor. Que solo algunas pocas sobrevivimos, pero nadie nos cuenta y aunque nadie nos cuente, y parezca imposible se puede salir y sobre todo se puede sobrevivir. El miedo nos miente, si podemos y si valemos mas que nada.
sábado, 7 de marzo de 2020
aceptación

Y acá voy. De una extraña manera nunca me siento parte de nada, no encajo y ya está empezando a cansarme. El creer que tengo un mínimo de deber, de cumplir con estándares y posiciones sociales que a decir verdad honestamente no quiero. Empecé a preguntarme si los lugares que frecuentaban me hacían bien, o si en realidad lo hacía; porque, calculo que me sentía bastante sola, o en varias otras, totalmente sola. Si hacia lo que yo en realidad quería hacer o si lo que hacía era siempre lo que propusiera el otro. ¿Quién soy? ¿Cómo me encuentro conmigo misma y me amo por lo que soy? ¿Qué es lo que me gusta? ¿Soy verdaderamente feliz conmigo mismo?
Con el pasar del tiempo empiezo a prestarle atención a cosas que antes no notaba en cuanto hacía el trato de la gente conmigo y en mi trato hacia las demás personas. Me encontré 10000 mil veces diciendo que sí, porque por alguna extraña razón tenía miedo a decir que no, tenía miedo a que me creyeran aburrida, en realidad lo soy; pero no quería ser considerada como tal, el problema fue cuando aprendí a analizar casi todo, y el otro problema es que se había vuelto también mi mecanismo de defensa, nadie iba a lastimarme...
Yo no era de esas chicas que les encantaba rodearse de gente. Más bien era muy introvertida, una parte de mí siempre se conectaba con mi ansiedad cuando estaba rodeada, a mí me gusta la música, leer (siempre leo, prácticamente no salgo a ningún lugar sin un libro y si lo hago, tengo muchísimos más en el celular). En muchos de esos momentos me sentía que no era yo, siempre la "callada", nunca me gusto hablar de lo que hablan todos, no me importa la vida que tienen los demás, ni que hacen o dejan de hacer (mientras no se atente contra una vida o sea algo consciente de que alguien sea herido. Cada cual es dueño de hacer con su vida lo que crea correcto y le guste o no a quien sea, a mí no me interesa) no creo que irme de fiesta sea algo malo, pero si mi vida gira en torno a eso creo que en algo me estoy equivocando ¿A eso yo puedo siquiera llamarlo vivir la vida? respuesta es más clara imposible. Y esa fue mi primera duda y la pregunta que conteste.
Si yo no era esa persona, la persona que demostraba tener x personalidad, ¿Qué era tan grande? que me hizo sentir que no era digna de ser yo misma. ¿Acaso yo tenía que reprimir quién era? ¿Para que quien me aceptara? Acaso aceptarme era un examen evaluativo para el resto menos para mí mismo criterio... en realidad, yo aprendí de mi valor, y cuando sabes quién sos, nunca más vamos a tener que fingir ni mucho menos que creamos que lo de afuera es más grande que las cosas que tenemos por convicciones y lo que en verdad somos y queremos ser. Pero el miedo siempre está y a veces es lo que más nos tira hacia atrás, lo que más nos lleva a actuar como alguien que no somos por el mismo miedo a no ser aceptados. Yo jamás fui aceptada, siempre fui la "rara" "que me hago la calladita" cientos de tantos adjetivos más... Pero cuando empecé a querer sentirme parte de algo, no quería no ser real, porque en realidad; si tenía que fingir alguien que no era, para ser "suficiente" para alguien, que, ni siquiera sabía si lo valía. Entendí que cualquier persona, que nos quiera en su vida, nos va a apreciar por quienes somos. Ni mucho menos, tener que estar gastando cada gramo de esfuerzos en ser alguien que no somos ¿para qué? ¿lo valía siquiera? Y no la verdad que no lo vale, ni siquiera un segundo. Y acá esta mi carta de renuncia a todos sus requisitos y peticiones, no las quiero, porque no quiero pertenecer a nada en donde no pueda ser yo en mi más grande expresión, no quiero estar donde tenga miedo de ser yo, donde no pueda hacerlo. Por que no quiero seguir viendo como sin importar que, jamás se va esa sensación de insuficiencia. Que soy gorda, que no cumplo con los requerimientos de estereotipos patéticos que imponen; porque si no cumplís con eso, "no sos lindo" ¿Quién nos atrofio tanto el cerebro para creernos capaces de clasificar a una persona "linda o fea"? y que más patéticamente sea un requisito para tantas cosas... desde cuando literalmente importa más todo lo banal y estético antes que un buen corazón y una buena cabeza. Que clase de seres humanos mediocres somos qué priorizamos tantas estupideces. Y perdón mi indecencia, pero no quiero ser mas aceptada por tener un "buen cuerpo" antes de que por la clase de persona que soy y la cabeza que tengo.
Con el pasar del tiempo empiezo a prestarle atención a cosas que antes no notaba en cuanto hacía el trato de la gente conmigo y en mi trato hacia las demás personas. Me encontré 10000 mil veces diciendo que sí, porque por alguna extraña razón tenía miedo a decir que no, tenía miedo a que me creyeran aburrida, en realidad lo soy; pero no quería ser considerada como tal, el problema fue cuando aprendí a analizar casi todo, y el otro problema es que se había vuelto también mi mecanismo de defensa, nadie iba a lastimarme...
Yo no era de esas chicas que les encantaba rodearse de gente. Más bien era muy introvertida, una parte de mí siempre se conectaba con mi ansiedad cuando estaba rodeada, a mí me gusta la música, leer (siempre leo, prácticamente no salgo a ningún lugar sin un libro y si lo hago, tengo muchísimos más en el celular). En muchos de esos momentos me sentía que no era yo, siempre la "callada", nunca me gusto hablar de lo que hablan todos, no me importa la vida que tienen los demás, ni que hacen o dejan de hacer (mientras no se atente contra una vida o sea algo consciente de que alguien sea herido. Cada cual es dueño de hacer con su vida lo que crea correcto y le guste o no a quien sea, a mí no me interesa) no creo que irme de fiesta sea algo malo, pero si mi vida gira en torno a eso creo que en algo me estoy equivocando ¿A eso yo puedo siquiera llamarlo vivir la vida? respuesta es más clara imposible. Y esa fue mi primera duda y la pregunta que conteste.
Si yo no era esa persona, la persona que demostraba tener x personalidad, ¿Qué era tan grande? que me hizo sentir que no era digna de ser yo misma. ¿Acaso yo tenía que reprimir quién era? ¿Para que quien me aceptara? Acaso aceptarme era un examen evaluativo para el resto menos para mí mismo criterio... en realidad, yo aprendí de mi valor, y cuando sabes quién sos, nunca más vamos a tener que fingir ni mucho menos que creamos que lo de afuera es más grande que las cosas que tenemos por convicciones y lo que en verdad somos y queremos ser. Pero el miedo siempre está y a veces es lo que más nos tira hacia atrás, lo que más nos lleva a actuar como alguien que no somos por el mismo miedo a no ser aceptados. Yo jamás fui aceptada, siempre fui la "rara" "que me hago la calladita" cientos de tantos adjetivos más... Pero cuando empecé a querer sentirme parte de algo, no quería no ser real, porque en realidad; si tenía que fingir alguien que no era, para ser "suficiente" para alguien, que, ni siquiera sabía si lo valía. Entendí que cualquier persona, que nos quiera en su vida, nos va a apreciar por quienes somos. Ni mucho menos, tener que estar gastando cada gramo de esfuerzos en ser alguien que no somos ¿para qué? ¿lo valía siquiera? Y no la verdad que no lo vale, ni siquiera un segundo. Y acá esta mi carta de renuncia a todos sus requisitos y peticiones, no las quiero, porque no quiero pertenecer a nada en donde no pueda ser yo en mi más grande expresión, no quiero estar donde tenga miedo de ser yo, donde no pueda hacerlo. Por que no quiero seguir viendo como sin importar que, jamás se va esa sensación de insuficiencia. Que soy gorda, que no cumplo con los requerimientos de estereotipos patéticos que imponen; porque si no cumplís con eso, "no sos lindo" ¿Quién nos atrofio tanto el cerebro para creernos capaces de clasificar a una persona "linda o fea"? y que más patéticamente sea un requisito para tantas cosas... desde cuando literalmente importa más todo lo banal y estético antes que un buen corazón y una buena cabeza. Que clase de seres humanos mediocres somos qué priorizamos tantas estupideces. Y perdón mi indecencia, pero no quiero ser mas aceptada por tener un "buen cuerpo" antes de que por la clase de persona que soy y la cabeza que tengo.
domingo, 1 de marzo de 2020
hace tiempo no me encuentro
Llevo
un
extendido tiempo
con ciertas cuestionamientos
y preguntas
que amenazan en unos cuantos aspectos mi tan escondida humanidad.
Llevo un
extendido
tiempo queriendo
ocultarme de
todo lo que tengo adentro; se supone que venimos a vivir; o a todo lo
que supone que según las perspectivas le llaman a la tan
incomprendida vida. Entonces camino por las calles buscando señales,
que no me hagan sentir mas dudas. O al menos una respuesta del millón
de preguntas que le hago al aire cuando mi corazón no sabe entender
o asumir ciertas cuestiones.
Y entonces no importa que tan mal este, escribir, me hace ir a un
lugar donde al fin, puedo escaparme de mi, no del todo, pero por un
momento, puedo ser todo lo que esta en mi interior, todo lo que no
digo. Pero lo cierto es que de todas maneras estoy cansada, de
rogarle al viento o al universo que responda una de mis tantas dudas.
Una de las tantas cosas, contra las que no quiero hacer frente, pero
están ahí y en varias ocasiones se contradicen mas de lo que me
gustaría. Pero, cabeza y mente, conectarlos en cierto modo es más
difícil de lo que parece. Porque me encuentro en un mundo
inmerso en donde puedo ser quien quiero y explayarme sin ninguna
dificultad, entonces volteo al espejo y mis ojos están mas tristes
de lo que quiero aceptar. Me repito en tantas ocasiones que ser
diferente no es tan malo. Que quizá estar tan sola tampoco lo es.
Que la vida está más llena de injusticias de las que podamos
tolerar, pero acá estamos ahogándonos con esta angustia que se va
hacia
mi garganta y
no me deja respirar. Pero entonces me cuestiono constantemente ¿Qué
estoy haciendo conmigo misma? Si estoy tomando el camino correcto o
si simplemente sigo saboteándome constantemente hasta
sin querer.
Llevo varios días de insomnio, porque la verdad es que no entiendo
que se supone que esta pasando conmigo en este vaivén de emociones,
donde aprendo constantemente y donde desaprendo también unas
cuantas...
donde constantemente no dejo de replantearme todo, todo el tiempo. Es más agotador de lo que parece, son unas de las tantas veces en las que corro con desesperación porque sin importar cuanto lo intente aun no puedo encontrarme ni muchos menos esconderme. Esto es de a poco, lo sé, me repito por dentro hasta asumirlo por entendido, aun que mi ansiedad muchas veces me juega contras que desearía no fueran así...
donde constantemente no dejo de replantearme todo, todo el tiempo. Es más agotador de lo que parece, son unas de las tantas veces en las que corro con desesperación porque sin importar cuanto lo intente aun no puedo encontrarme ni muchos menos esconderme. Esto es de a poco, lo sé, me repito por dentro hasta asumirlo por entendido, aun que mi ansiedad muchas veces me juega contras que desearía no fueran así...
Y,
ahí
estoy, parada firme, lista para cualquier cosa que venga enfrente;
y al segundo me encuentro con miedo, aterrada; porque el fracaso y yo
fuimos amigos durante mucho tiempo. Pero de una manera, en unas de
mis tantas epifanías, encontré a una yo que a veces tenia mas
coraje que nada, ella me agrada el 90% del tiempo se atreve a ser lo
que yo tantas veces no soy. Porque llevo tanto tiempo sin ser
valiente, de hecho, creo que ya olvidé lo que se sentía soler
serlo. Ni tampoco le encuentro sentido a la persona que miro en el
espejo, ¿hace cuanto tiempo deje de ser yo? ¿hace cuanto tiempo no
me atreví
a volver a
serlo?


