domingo, 3 de noviembre de 2019

Porque a veces, todavía doles.














Deduzco es que es hora de plasmarte, en estas palabras, es que jamás podría explicar, ni siquiera un cuarto de todo lo que te llevaste. La lluvia cae hoy. Me traslada a los callejones de la melancolía y al muy desmesuradamente dolor, todo, le da paso a mis lágrimas para poder seguir vaciando todo el daño que quedo, que nos quedó. todas esas promesas que se fueron, todos los besos que nos dimos, todas las caricias, las noches riendo, las otras tantas llorando. Todo ese inconmensurable rejunte de sentimientos, que hoy… me carcomen el alma, de no entender si me amaste u odiaste. Me quedé con todas las palabras que quise decirte, deseando que ojalá, de todas las veces que rogué que me hubieras visto, lo hubieras hecho. Después de vos, todo fue insuficiencia, vicios y un profuso dolor, del más profundo, esos de los que de ningún modo te abandonan, que están ahí cada noche, y te hacen dudar de todo lo que conllevamos nosotros mismos. Pero mentiría de tal manera, si dijera que a pesar de todo el dolor que me dejaste, en algún momento no aparecen a hacerme dudar de todo. Que no se inunda el pecho y los ojos de lágrimas y millones de preguntas…  de ¿Por qué no fui lo suficiente para vos? ¿Qué hice mal? ¿Cuántas lágrimas tendría que haber seguido derramando para que me hubieras notado?… Si tanto me amaste, como lo decías. No importa cuántas palabras escriba, jamás voy a poder explicar ni con mil textos, o sollozos, el dolor que me dejó tener que marcharme de vos. Jamás será entendido, o jamás voy a poder explicarme, o entenderlo que quizá nunca vaya a amar de la manera en que lo hice con vos. Y aunque nunca más voy a poder decírtelo, aunque me hayas arrancado el corazón, junto con todo el dolor y los errores causados, el corazón es el que elige lo que quiere; el a veces con tanto dolor no quiere borrarte. Nunca elegimos de quien se enamora el corazón. Y cuanto podemos y soportamos por él. A qué grado podemos llegar para luchar por ello y yo lo sé, con creces lo sé. Aunque me puse primero a mí. Ojalá algún día en alguien más o la vida misma te puedan demostrar todo el amor que te tuve. Todo lo que te ame. Todo lo que mi corazón sabe que te ama, aunque el destino nos haya llevado a lugares separados. Te llevaste con vos, una gran parte de mí; y, aun así, te deseo lo mejor del universo. Yo estoy intentando ser mi mejor versión, aunque con un gran peso, que aprende de todo el dolor. Creo que no hay dolor tan grande que el querer salir corriendo en ocasiones a buscarte, es que todavía me acuerdo del día que fui corriendo a abrazarte y me abalancé encima tuyo para besarte tan alocada mente en el medio de la calle.  Aun que aun llore desconsoladamente bajo la lluvia cuando escucho las canciones que me llevan a vos y a todos esos momentos que nos hicieron trizas, a todos esos momentos llenos de pasión, llenos de amor, de dolor.  Todavía, aunque me duela asumirlo te busco en las calles, pero no te encuentro. estas en todos los vidrios empañados después e incluso cuando llueve. Los días a veces se tornan largos y aunque hay días en los que puedo con todo eso, otros y días en los que solo necesito llorar alrededor de mis rodillas, mientras dejo que el nudo y el dolor que guardo le dan paso a todas las lágrimas;  porque no puedo sentirte nuevamente y si, fue por mi bien, fue por mí, de las decisiones más dolorosas lo fue el tener que marcharme, quizá jamás en tu vida sepas o entiendas o siquiera creas el dolor que sentí al salir de vos y marcharme para siempre aunque mi alma me gritaba que no. Él es tantas veces incomprendido, tantas veces estúpido y quizá lo que más nos daña, aterra, lastima y todo lo que nos conlleva ese acto que nos rompe íntegros y nos hace renacer, nos enseña y lastimas tanto que es incomprensible. te amo, cada día, aunque nunca más lo vas a escuchar, aunque nunca más te lo vaya a decir, te amo, se quedaron todos los te amo guardados para siempre, todo lo que pudo haber sido, creo que el esfuerzo y las lágrimas diarias para que me vieras no fueron lo suficientemente buenos. y aunque quizá cuando me marche lo puse en duda, ojalá algún día despiertes y entiendas cuanto te ame y cuanto te voy a amar para siempre.

Perdonarnos



Y sigo a veces sin poder encontrarme. No sé, ni siquiera, por dónde empezar, tengo un dolor fuerte en el pecho, que en tantas ocasiones me quita hasta el aire de tanto aguantar. Y entonces lloro, pensando, en que no sé cómo seguir sujetando mi corazón hecho pedazos. Peleando entre las arenas movedizas que no me dejan escapar. Y aún que esté en partes, nunca pierdo la fe, se supone que es lo último que se pierde, pero unas tantas veces dudo de todo, y me siento en extremo perdida, sin saber hacia qué dirección correr. Otras llorando a oscuras en mi habitación, cuando nadie puede verme, porque se supone que en todo momento soy fuerte, pero yo me siento débil y sin ganas, otras tantas veces, confío en mí, en mi capacidad, en quien soy y en lo que me esfuerzo por ser; cada día, para poder sentirme orgullosa de mí, pero a veces ni siquiera eso se lleva el dolor. Observó el verde de la naturaleza y su magia, amo perderme indeterminado tiempo, por una extraña razón, ahí, a veces, es mi calma. Me tocó durante mucho tiempo verme al espejo y sí, yo sabía demasiado bien que no me quería.  La persona que se encontraba atrapada en ese cristal, estaba tan herida, con tantas cicatrices, que a veces de tanta angustia. Tanto, que por poco me olvide quien era yo. Le hubiera dado el gusto de seguir arrastrándome. Entonces puedo llorar por sentirme tan miserablemente, escondida entre todos esos tragos de whisky y cigarrillos. Sé que ahí están los retazos de mi corazón roto e inseguridades ocultas. Pero uno de estos días, sé que voy a secar mis lágrimas y rearmar mi tan desgastado y roto corazón, voy a decirme que ya es hora de emprender un nuevo viaje. Donde quizá en el camino, iba a soltar un poco más de lágrimas, pero iba a ser por mi bien, esta vez. De soltar todo lo que en algún momento me hizo creer la mentira más grande, que yo no bastaba, que no era suficiente, que no era ni esos abusos, ni esos engaños,  ni esos golpes, ni todas esas faltas personales que tenía, ni siquiera una vida llena de injusticias, ni todas las veces que llorando rogué para que me crean o vieran suficiente, ni siquiera era esa persona que jamás había recibido un afectó sincero; lloré tantas veces frente al espejo, que perdí la cuenta,  ahí estaba mi real yo, frente mío, observándome con los ojos irritados a causa de todas esas lágrimas que iban desnudando todo lo que tanto miedo me da, lo que puedo fingir ante cualquiera, pero no dentro de mí. Todo en mi empezó a llorar, después de haber dejado tanto atrás, note que faltaba lo más importante, sí, me faltaba pedirle perdón a la persona más importante. A esa persona que lastime más que a nada y si, esa persona era yo. Hay muchas cosas que van a ser causa de nuestros actos, o el tan famoso karma y otras que van a solo suceder, no tenemos la culpa de todo y no podemos actuar sobre la vida de todos o mantener el control. Perdonarnos es uno de los pasos para saber qué es lo que merecemos para ser felices. A veces solo necesitamos cambiar la perspectiva.  Y convertir las desgracias en cosas buenas, porque no dejan de ser experiencia, y al final de nuestras vidas, no somos más que un poco de cada experiencia. Sonreite, sonreite mucho, pedite perdón, agradece al dolor, que es nuestro mejor maestro y regálate la posibilidad de ser feliz, sin miedo, sin prejuicios, siguiendo lo que te hace feliz. Porque a veces por tanta niebla, no notamos hasta donde llegamos, todo lo que avanzamos a pesar de tantas lágrimas y obstáculos. Es mentira que el tren pasa solo una vez, es mentira que solo hay pocas oportunidades, el universo es magia, al igual, que cada uno de nosotros. Y aún siquiera notamos que el tiempo no se detiene ni siquiera por nosotros. Porque luego, a veces, quizás sea un poco tarde. No nacimos de un modo, con personalidades implementadas, somos quien luchamos por ser, somos el destino, el camino que construimos y lo que aprendemos de las espinas que se atraviesan en él.